CAPÍTULO 6
El campo de batalla había quedado en silencio.
Un silencio imposible.
AbiSaTi ya no existía.
Solo quedaban cenizas negras dispersándose lentamente entre el viento.
AkiR permanecía inmóvil frente al cuerpo destruido. Sus manos seguían cubiertas de fuego oscuro mientras respiraba con dificultad.
Y poco a poco…
comenzó a entender lo que había hecho.
El odio que la había sostenido durante años desapareció de golpe.
Solo quedó vacío.
Sus rodillas temblaron.
Miró las cenizas de AbiSaTi.
Luego miró a ValAst.
Y el terror la atravesó completamente.
Porque él no estaba reaccionando.
No gritaba.
No lloraba.
No intentaba detenerla.
Solo permanecía ahí…
con la cabeza agachada.
Los Omyats comenzaron a retroceder lentamente.
Sin AbiSaTi, nadie sabía qué hacer.
RadTor intentaba reorganizar a los soldados, pero incluso él parecía perdido.
GloSco apenas podía mantenerse de pie observando las cenizas de su padre.
JorGlot respiraba con dificultad mientras intentaba acercarse a ValAst.
—ValAst…
No hubo respuesta.
Entonces el suelo volvió a temblar.
Más fuerte esta vez.
Todos levantaron la mirada.
Varias aeronaves humanas descendieron desde el cielo cubierto de humo mientras enormes focos iluminaban el campo destruido.
Soldados armados comenzaron a desplegarse rápidamente.
Y en medio de todos ellos…
descendió Al May Arco.
El líder humano observó el desastre con el rostro completamente serio.
Cadáveres.
Fuego.
Viento descontrolado.
Omyats y Zguats destruidos por igual.
Entonces habló.
—¡DETENGAN EL COMBATE! ¡ESTO TERMINA HOY!
Su voz resonó por todo el campo.
Y durante un instante…
pareció funcionar.
Los soldados comenzaron a bajar sus armas lentamente.
Los Zguats dejaron de avanzar.
Los Omyats apenas podían reaccionar.
Pero entonces…
el piso volvió a temblar.
ValAst seguía inmóvil.
Y aun así…
todo alrededor de él estaba cambiando.
El aire vibraba.
El cielo comenzó a oscurecerse rápidamente mientras enormes nubes negras giraban sobre el campo de batalla.
Rayos.
Viento.
Lluvia.
Fuego.
Todo apareció al mismo tiempo.
Como si la naturaleza hubiera perdido completamente el control.
Los humanos observaron horrorizados.
—¿Qué demonios es eso…?
Los cuatro puntos en los ojos de ValAst comenzaron a brillar con más intensidad.
Rojo.
Dorado.
Plateado.
Negro.
Entonces él levantó lentamente la cabeza.
Y todos sintieron lo mismo.
Miedo.
Puro.
Instintivo.
Animal.
El viento explotó primero.
Una onda invisible atravesó todo el campo y lanzó soldados, Zguats y Omyats en todas direcciones.
Varias estructuras colapsaron instantáneamente.
Los rayos comenzaron a caer alrededor de ValAst mientras fuego negro recorría el suelo como si estuviera vivo.
Y entonces ocurrió algo imposible.
Agua comenzó a elevarse desde la tierra destruida.
Giraba alrededor de él junto al viento y las llamas.
Los cuatro elementos.
Controlados al mismo tiempo.
Nadie entendía cómo.
Nadie entendía qué estaba viendo.
—¡ATAQUEN!
Decenas avanzaron hacia ValAst al mismo tiempo.
No lograron tocarlo.
El propio aire alrededor de él reaccionó solo.
Los cuerpos quedaron detenidos a varios metros de distancia.
Inmóviles.
Suspendidos en el aire.
Como si el viento los estuviera aplastando desde todas direcciones.
Algunos comenzaron a gritar.
Otros ni siquiera podían respirar.
ValAst ni siquiera los miró.
Y lentamente…
todos cayeron inconscientes contra el suelo.
—¡VALAST!
GloSco corrió hacia él desesperadamente.
—¡Escúchame! ¡Por favor!
Pero entonces…
GloSco salió disparado violentamente contra una pared destruida.
El sonido de los huesos rompiéndose resonó por todo el lugar.
JorGlot gritó su nombre.
RadTor intentó avanzar.
Ninguno logró acercarse.
El viento alrededor de ValAst ya no parecía un poder.
Parecía una entidad viva.
Furiosa.
AkiR finalmente reaccionó.
—¡VALAST!
Su voz atravesó el caos.
Y por primera vez…
él volteó a verla.
El mundo entero pareció detenerse.
Los cuatro puntos en sus ojos cambiaron otra vez.
Más color.
Más brillo.
Más intensidad.
Y AkiR inmediatamente sintió que algo aplastaba su cuerpo.
Intentó respirar.
No pudo.
El oxígeno alrededor desaparecía.
Sus piernas cedieron lentamente mientras llevaba las manos al cuello.
ValAst la observaba sin emoción.
Sin amor.
Sin odio.
Como si ya no la reconociera.
AkiR cayó de rodillas.
Inmóvil.
Viva.
Pero completamente incapaz de moverse.
Y por primera vez desde niña…
sintió miedo de morir.
—¡DISPAREN!
Las armas humanas comenzaron a activarse inmediatamente.
Balas adaptativas.
Descargas de energía.
Misiles inhibidores.
Todo fue lanzado al mismo tiempo.
Ningún ataque llegó.
A varios metros de ValAst…
todo cayó.
Helicópteros.
Drones.
Armas.
Soldados.
Como si la gravedad hubiera cambiado alrededor de él.
Las aeronaves comenzaron a explotar en el cielo una tras otra.
El fuego iluminó las nubes negras.
Los humanos comenzaron a correr.
Demasiado tarde.
ValAst avanzó lentamente.
Paso a paso.
Y cada paso destruía más.
El viento atravesaba cuerpos.
El fuego consumía estructuras enteras.
Los rayos partían la tierra.
Agua y escombros giraban violentamente alrededor suyo como una tormenta viva.
Humanos.
Omyats.
Zguats.
No importaba quién intentara detenerlo.
Todos caían.
Todos.
JorGlot apenas logró levantar la cabeza entre los escombros.
Miró a su mejor amigo alejándose lentamente hacia el bosque destruido.
Y entendió algo horrible.
Ya no podían salvarlo.
ValAst desapareció entre los árboles mientras la tormenta continuaba siguiéndolo.
Nadie se atrevió a perseguirlo.
Detrás de él…
solo quedaban ruinas.
Fuego.
Cadáveres.
Y silencio.