LO QUE NUNCA DEBIÓ EXISTIR
La lluvia caía lentamente sobre las ruinas cuando AkiR levantó la mirada hacia ValAst.
—¿Nunca te preguntaste qué habría pasado si hubiéramos nacido en el mismo lado?
ValAst tardó en responder.
—Todo habría sido más fácil.
AkiR soltó una pequeña risa.
—No. Creo que habría sido peor.
—¿Por qué?
Ella dio un paso más cerca.
—Porque igual habría terminado encontrándote.
El corazón de ValAst se aceleró.
Y eso lo asustó más que cualquier batalla.
Los entrenamientos dejaron de parecer entrenamientos.
Ahora eran momentos robados.
Momentos donde podían dejar de ser soldados.
AkiR le enseñó a ValAst cómo sentir el calor antes de que el fuego apareciera realmente.
ValAst le enseñó a escuchar el aire incluso en silencio absoluto.
Horas.
Días.
Semanas.
Y cada vez que se separaban… ambos querían volver.
Una noche, mientras descansaban sobre una estructura destruida lejos de todos, AkiR habló en voz baja.
—Esto está mal.
ValAst la miró.
—Lo sé.
—Nuestros pueblos se matarían entre sí si supieran esto.
—Lo sé.
AkiR bajó la mirada.
—Entonces ¿por qué seguimos viniendo?
ValAst se acercó lentamente.
El viento movió el cabello de AkiR.
Y entonces dijo la verdad.
—Porque cuando estoy contigo… todo deja de sentirse vacío.
El silencio que siguió fue distinto.
Más profundo.
Más peligroso.
AkiR levantó la mirada lentamente.
Y antes de que cualquiera pudiera arrepentirse…
lo besó.
El fuego apareció alrededor de ambos por reflejo.
El viento también.
Pero esta vez ninguno peleaba contra el otro.
Por primera vez…
estaban en armonía.
Los humanos comenzaron a notarlo.
Miradas.
Ausencias.
Cambios en sus patrones de entrenamiento.
Y entendieron algo importante.
ValAst y AkiR ya no podían ser manipulados por separado.
Porque ahora existía un vínculo real entre ellos.
Eso cambió el plan.
Fue entonces cuando decidieron mostrarle la verdad a AkiR.
Toda la verdad.
La grabación estaba incompleta.
Dañada.
Antigua.
Pero suficiente.
AkiR observó la proyección sin moverse.
Sin respirar.
Sin pestañear.
AbiSaTi apareció entre las interferencias.
Más joven.
Más frío.
Frente a él…
una mujer Zguat arrodillada.
Su madre.
La voz de AbiSaTi resonó en toda la sala.
—Los híbridos son una amenaza.
Y entonces ocurrió.
Fuego.
Gritos.
La ejecución.
AkiR sintió que algo dentro de ella se rompía completamente.
No había duda.
No había manipulación.
Ella lo había visto con sus propios ojos.
AbiSaTi asesinó a su madre.
AkiR regresó inmediatamente con los Zguats.
JaFran supo que algo estaba mal apenas la vio.
—¿Qué ocurrió?
AkiR levantó la mirada lentamente.
Y por primera vez…
JaFran vio odio puro en los ojos de su hija.
—AbiSaTi mató a mamá.
Silencio.
Absoluto.
El fuego alrededor de la sala comenzó a elevarse lentamente.
JaFran cerró los ojos.
Como si en el fondo… siempre hubiera sospechado la verdad.
Cuando volvió a abrirlos, ya había tomado una decisión.
—Entonces esto termina ahora.
La movilización comenzó esa misma noche.
Guerreros Zguat avanzaron hacia territorio Omyat mientras el calor cubría el horizonte.
ValAst sintió algo extraño en el aire antes incluso de verlos.
Cuando llegó a las murallas exteriores…
la vio.
AkiR estaba al frente del ejército Zguat.
Y sus ojos eran distintos.
Vacíos.
Llenos de rabia.
El caos comenzó al instante.
Omyats descendiendo desde las estructuras superiores.
Viento chocando contra fuego.
Explosiones.
Gritos.
Metal retorciéndose.
ValAst intentó llegar hasta AkiR.
Pero varios guerreros Zguat lo interceptaron.
Lo sujetaron.
Lo inmovilizaron.
—¡SUÉLTENME!
AbiSaTi descendió lentamente hacia el centro del campo destruido.
—Así que eres su hija.
El fuego alrededor de AkiR comenzó a elevarse.
—Dime que no es verdad.
AbiSaTi no respondió de inmediato.
Luego sonrió apenas.
Y eso fue peor.
—Tu madre debió morir hace años.
ValAst sintió que el cuerpo se le congelaba.
—¡NO!
AkiR comenzó a temblar.
El fuego alrededor de ella ya no parecía normal.
—Te mataré…
AbiSaTi levantó su arma lentamente.
—Te mataré como hice con la escoria de tu madre.
Y entonces…
algo dentro de AkiR explotó.
El fuego negro apareció por primera vez.
No eran llamas normales.
Consumían la luz.
Consumían el aire.
Consumían todo.
AkiR desapareció y reapareció frente a AbiSaTi en un instante.
El primer golpe rompió parte de su mandíbula.
Sangre.
El segundo destruyó varias costillas.
AbiSaTi intentó reaccionar.
No pudo.
AkiR lo golpeó otra vez.
Y otra.
Y otra.
El fuego negro comenzaba a consumir su cuerpo mientras ella lo arrastraba por el suelo frente a todos.
ValAst dejó de luchar.
Miraba sin respirar.
Sin entender.
Finalmente lo levantó del cuello.
El fuego negro atravesó todo su pecho.
Y frente a todos…
AkiR metió la mano dentro de su cuerpo.
Hasta alcanzar su corazón.
AbiSaTi abrió los ojos por última vez.
Y ella lo quemó desde dentro.
Silencio.
Total.
AbiSaTi cayó al suelo convertido en cenizas.
ValAst permanecía inmóvil.
Con la cabeza agachada.
Los guerreros que lo sujetaban comenzaron a mirarse entre ellos.
Algo estaba mal.
Muy mal.
Sus músculos comenzaron a tensarse solos.
El aire cambió.
Literalmente.
Más pesado.
Más agresivo.
Más vivo.
—¿Qué… está pasando…?
El suelo comenzó a temblar.
Entonces los cuatro puntos de los ojos de ValAst comenzaron a brillar.
Rojo.
Dorado.
Plateado.
Negro.
Los guerreros que lo sujetaban salieron disparados violentamente.
El viento explotó en todas direcciones.
Pero ya no obedecía solo a ValAst.
Parecía odiar a todos.
Omyats y Zguats comenzaron a ser lanzados por igual.
Nadie podía mantenerse de pie.
El aire comprimía el cuerpo.
Rompía estructuras.
Asfixiaba.
Incluso AkiR retrocedió lentamente.
Por primera vez…
sintiendo miedo de ValAst.
Y entonces él levantó la cabeza.
Pero ya no quedaba nada humano en sus ojos.