```html Capítulo 4 — Acuerdos Inesperados

OMYATS & ZGUATS

Capítulo 4
Acuerdos Inesperados

A veces la guerra no termina...
solo cambia de forma.

La tensión entre Omyats y Zguats no desapareció después de la captura.

Pero algo sí cambió.

Las preguntas.

Cada conversación con los humanos dejaba nuevas dudas. Nuevas grietas en todo lo que ValAst y AkiR habían creído desde niños.

Finalmente, los humanos hicieron una propuesta.

Separarlos.

No como prisioneros.

Como aliados temporales.

—Podrán revisar parte del material —explicó uno de los líderes humanos—. Pero cada uno volverá con su gente. Necesitamos estabilidad entre ambos lados antes de mostrar el resto.

Ni ValAst ni AkiR confiaban completamente en ellos.

Pero aceptaron.

Porque necesitaban respuestas.

La despedida fue extraña.

Incómoda.

AkiR permanecía de pie frente al transporte humano mientras observaba a ValAst en silencio.

—Supongo que esto significa que volvemos a ser enemigos.

ValAst negó lentamente.

—Ya no sé qué somos.

Aquellas palabras hicieron que algo cambiara en la expresión de AkiR.

Algo pequeño. Pero real.

Entonces los humanos separaron ambos grupos.

ValAst regresó con los Omyats.

AkiR volvió con los Zguats.

Y aun así… ninguno logró dejar de pensar en el otro.

Las semanas siguientes fueron distintas.

Los humanos comenzaron a organizar entrenamientos conjuntos lejos de las ciudades principales.

Zonas neutrales. Lugares abandonados por la guerra.

La excusa era simple:

Preparación.

Cooperación táctica.

Pero poco a poco… dejó de sentirse solo como eso.

ValAst volvió a ver a AkiR durante el primer entrenamiento conjunto.

Ella descendió entre llamas controladas mientras varios guerreros Zguat observaban desde atrás.

ValAst sintió algo extraño en el pecho apenas la vio.

Y lo odiaba.

Porque nunca había sentido algo así.

AkiR lo miró apenas unos segundos.

Pero sonrió.

Muy poco. Lo suficiente.

Los entrenamientos comenzaron siendo tensos.

Fuego contra viento.

Ataques medidos.

Distancia constante.

Pero ambos aprendían rápido.

Demasiado rápido.

ValAst comenzó a entender cómo reaccionaban las llamas al movimiento del aire.

AkiR descubrió cómo aprovechar las corrientes que él creaba.

Y poco a poco… comenzaron a sincronizarse.

Era algo natural.

Instintivo.

Como si sus poderes hubieran sido diseñados para complementarse.

—Otra vez.

AkiR encendió fuego en sus manos.

ValAst sonrió apenas.

—Te estás acostumbrando a perder.

Ella lanzó una llamarada directa hacia él.

El viento giró alrededor de ValAst y desvió las llamas exactamente como esperaba.

Pero esta vez… AkiR ya había previsto eso.

El fuego regresó desde otro ángulo.

ValAst apenas logró reaccionar antes de sentir el calor rozar su rostro.

AkiR soltó una pequeña risa.

—Más lento.

ValAst la observó unos segundos.

Luego sonrió también.

Y por primera vez en mucho tiempo… se sintió en paz.

Los encuentros comenzaron a hacerse más frecuentes.

Demasiado frecuentes.

Al principio solo se veían durante entrenamientos oficiales.

Luego comenzaron a quedarse después de las sesiones.

Después comenzaron a buscar excusas.

Y finalmente… ya ni siquiera necesitaban excusas.

Una noche, ValAst abandonó las instalaciones Omyat sin avisar.

El viento lo guió hasta una zona montañosa abandonada donde pequeñas corrientes cálidas iluminaban la oscuridad.

AkiR ya estaba ahí.

Esperándolo.

—Llegas tarde.
—Quería asegurarme de que no me siguieran.

AkiR sonrió apenas.

—¿Y si yo sí quisiera seguirte?

ValAst se quedó callado unos segundos.

Demasiados.

—Entonces sería un problema.

Ella lo observó directamente.

—¿Y si no me importa?

El viento se movió lentamente alrededor de ambos.

Ninguno apartó la mirada.

Desde entonces comenzaron a entrenar solos.

A escondidas.

Lejos de humanos.

Lejos de Omyats.

Lejos de Zguats.

Solo ellos.

Y cada encuentro hacía más difícil ignorar lo evidente.

ValAst empezó a esperar verla.

AkiR comenzó a confiar en él de formas que jamás imaginó posibles.

Hablaron de la guerra.

De sus hermanos.

De JaFran.

De AbiSaTi.

De lo cansados que estaban.

Y poco a poco… dejaron de sentirse como dos enemigos intentando entenderse.

Comenzaron a sentirse como algo más.

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