CAPÍTULO 3
La oscuridad no era total.
ValAst despertó lentamente, con una sensación extraña recorriendo su cuerpo.
No era dolor exactamente…
era ausencia.
Ausencia de control.
Intentó mover los dedos.
Nada.
El aire a su alrededor… no respondía.
Eso fue lo primero que lo alertó de verdad.
Abrió los ojos de golpe.
El techo sobre él era completamente blanco.
Liso.
Artificial.
Sin textura.
Sin grietas.
Sin historia.
No pertenecía a ningún mundo que conociera.
Intentó incorporarse.
Un impulso eléctrico recorrió sus brazos.
—No lo hagas.
ValAst apretó los dientes, conteniendo el movimiento.
Bajó la mirada.
Sus muñecas estaban sujetas por dispositivos metálicos que emitían una vibración constante.
Casi imperceptible…
pero suficiente para bloquear su conexión.
Inhibidores.
—Ya despertó.
ValAst giró el rostro.
Tres humanos estaban frente a él.
Pero no eran como los que había visto antes.
No había trajes formales.
No había máscaras diplomáticas.
Ahora…
no ocultaban nada.
Sus armaduras eran ligeras, adaptadas al cuerpo.
Líneas de energía recorrían cada pieza como venas brillantes.
Tecnología híbrida.
Demasiado avanzada.
Demasiado… familiar.
—Bienvenido.
—A la verdad.
ValAst no respondió.
Buscó.
Y lo encontró.
AkiR.
Estaba a unos metros, separada por una barrera transparente.
Sus ojos se clavaron en los de él.
—¿Estás bien?
—Sigo viva.
Era suficiente.
Luego miró más allá.
JaFran.
En el suelo.
Inmóvil.
—Padre…
—No pueden ayudarlo.
—Aún.
—Aléjate de él.
—Interesante…
—incluso sin poder… sigues siendo peligrosa.
—¿Qué quieren?
—Orden.
Proyecciones aparecieron alrededor.
Ciudades destruidas.
Fuego.
Viento.
Caos.
—Esto…
—es su legado.
—Eso no es cierto.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Silencio.
—No hay buenos ni malos…
—solo consecuencias.
AbiSaTi…
—Mienten.
—Omiten.
—Y eso es peor.
—Nada de esto cambia lo que hicieron.
—¿Estás segura de saber qué hicieron?
—¿Tú confías en esto?
—No…
—pero tampoco confío en lo que nos dijeron.
—Nos usaron.
—Sí.
—Finalmente…
—empiezan a entender.
—El problema no son ustedes…
—son quienes los dirigen.
—Y ustedes…
—van a detenerlo.
—¿Cómo?
—Eso depende de ustedes.
—Si muere…
—todos ustedes mueren.
—Entonces cooperen.
Algo se rompió dentro de ValAst.
No miedo.
No rabia.
Duda.
Real.
Peligrosa.
Por primera vez…
no eran enemigos.
Eran piezas.
En el mismo juego.
Y ninguno entendía las reglas.
Pero había algo peor.
Mientras ellos comenzaban a cuestionar su mundo…
los humanos ya habían ganado el primer movimiento.
Y la verdad…
no era completa.
Era solo…
la versión que necesitaban que creyeran.