EL PRIMER GOLPE

CAPÍTULO 1

ValAst apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Sintió una corriente de aire romper la calma detrás de él.

Su cuerpo respondió antes que su mente:

soltó el cuaderno, giró sobre su eje y levantó su arma justo a tiempo.

El choque metálico resonó en la habitación.

—Sigues distraído.

dijo GloSco, con una sonrisa ladeada.

ValAst sostuvo la espada de su hermano a pocos centímetros de su rostro.

Sus ojos se entrecerraron, no por miedo, sino por frustración.

—Y tú sigues siendo predecible.

Con un movimiento rápido, desvió el ataque y empujó a GloSco hacia atrás con una ráfaga de viento.

El golpe no fue fuerte, pero sí lo suficiente para obligarlo a retroceder dos pasos.

Ambos se quedaron en silencio un segundo…

y luego rieron.

—Casi te doy.

insistió GloSco.

—Casi no cuenta.

El cuaderno seguía en el suelo, abierto.

Las páginas se agitaban suavemente, movidas por el mismo viento que ValAst había liberado sin pensarlo.

GloSco lo miró de reojo.

—¿Otra vez escribiendo sobre los Zguats?

ValAst no respondió de inmediato.

Caminó hacia el cuaderno, lo recogió y cerró con cuidado.

—Solo… tratando de entender.

—¿Entender qué?

preguntó su hermano.

—Son el enemigo. Punto.

ValAst lo observó.

Esa respuesta era la misma que todos daban.

La misma que su padre repetía una y otra vez.

Pero nunca era suficiente.

—¿Nunca te has preguntado por qué empezó todo?

GloSco se encogió de hombros.

—Porque son traicioneros. Eso dicen.

—Eso dicen…

repitió ValAst en voz baja.

El silencio entre ambos se volvió más pesado.

A lo lejos, una alarma resonó en las instalaciones.

Un sonido grave.

Profundo.

Diferente.

Ambos levantaron la mirada al mismo tiempo.

—Eso no es un simulacro…

murmuró GloSco.

ValAst sintió cómo el aire a su alrededor se tensaba.

No era solo su poder…

era otra cosa.

Una presión invisible que se filtraba en cada rincón.

Entonces, la voz de su padre retumbó en los altavoces:

—Todos los cadetes, a sus posiciones. Esto no es un entrenamiento.

El corazón de ValAst se aceleró.

—No puede ser…

susurró.

—Tal vez sí.

respondió GloSco, con una sonrisa nerviosa.

—Tal vez este sea tu momento.

ValAst no se movió.

No de inmediato.

Algo no encajaba.

Cerró los ojos por un instante…

y lo sintió.

Calor.

No provenía de las luces ni de los sistemas.

Era distinto.

Vivo.

Agresivo.

Fuego.

Abrió los ojos de golpe.

—Están aquí.

GloSco dejó de sonreír.

—¿Qué?

Antes de que pudiera responder, una explosión sacudió el nivel inferior de la instalación.

El suelo vibró bajo sus pies.

Gritos.

Metal retorciéndose.

Y luego…

silencio.

ValAst apretó los puños.

Había esperado este momento toda su vida.

Pero ahora que estaba ocurriendo…

no se sentía como lo imaginó.

No había emoción.

No había orgullo.

Solo una pregunta que no dejaba de crecer dentro de él:

¿Y si nos han mentido todo este tiempo?

—ValAst.

dijo GloSco, más serio que nunca.

—¿Vamos o qué?

ValAst tomó su arma.

El viento comenzó a arremolinarse a su alrededor.

—Vamos.

Ambos salieron corriendo al pasillo...

Y lo que acababa de ocurrir…

no era una batalla.

Era una advertencia.